Rafael Vargas, el último de los románticos de la fotografía

Nacido en Las Heras, “Rafita”, a sus 95 años, nos lleva de viaje al siglo pasado, a esa época donde el arte de capturar una imagen definía el estilo y la personalidad del artista. “Siempre busqué la sonrisa visual de la gente”, nos confiesa.

Las Heras 25/09/2023 Redacción Redacción

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“Para empezar mi historia con la fotografía primero debería comentar dónde y cuándo me inicié”, esas son las primera palabras con las que comienza esta entrevista, que es una película fotográfica, revelada a través de la memoria de Rafael “Rafita” Vargas, el “artista de la sonrisa visual”, el artesano del laboratorio fotográfico”, y tantos detalles más, de este hombre que, a sus 95 años, se le iluminan los ojos cuando recuerda sus  “Polaroid”, “Minolta”, “ Mamiya”, entre otras marcas con las que convivió Don Vargas.

 “A los 15 años comencé como cadete del laboratorio fotográfico Voragíne, cerca de la plaza Independencia”, comenta Rafael sobre sus primeros pasos con el mundo de la fotografía.

Y agrega: “Con el tiempo gané confianza y mi jefe me delegó trabajos dentro del laboratorio para revelar las fotos, y luego ya empecé a usar las cámaras para cubrir eventos, sobre todo casamientos y bautismos”.

“Mi estilo al usar la cámara de foto, es la de vincularme con la persona con la que voy a revelar luego su imagen en el laboratorio. Hablo de las sesiones donde la gente llegaba a mi estudio para sacarse una foto”, expresa. “

Es que lo de Rafael nunca fue solo disparar fotos, sino entrar en clima y generar confianza con las personas. Charlaba de temas agradables, ellos se relajaban, y mientras eso sucedía, “yo iba sacándole fotos, que justamente capturaban el espíritu alegre de las personas. Siempre mis fotos intentaban capturar el lado positivo de las personas”.

Más preocupado por el concepto y la idea que en la propia materialización de la obra, fue lo que define a Rafael Vargas como el último romántico de la fotografía.

“Si no hay psicología no hay foto.  Los ojos de las personas me indican cuál es su esencia, siempre busqué la sonrisa visual de la gente”, nos confiesa.

“Y te digo más, en las sesiones fotográficas con novios, te das cuenta si una pareja refleja el amor que se tienen uno y el otro. Es el reflejo de la luz de los ojos, que marca el pensamiento de las palabras que estás escuchando”, poesía pura para este artista lasherino de la década del 20’.

Pasaron los años Vargas levantó su primer estudio de fotografía en Sargento Cabral y Lisandro Latorre, se llamaba “Fotografía Vargas”.

“Con el tiempo me hice conocido en Las Heras, familias enteras venían a pedirme fotos para casamientos y bautismo o eventos sociales”, relata Rafael sobre su épocas doradas con las “instantáneas personales”.

 De Las Heras, fue el momento de seguir creciendo, y se mudó con “Fotografía Vargas” a la ciudad, concretamente calle Garibaldi y San Juan.

En esa época es cuando su círculo profesional crece y también el afectivo.

“Fui socio de la Asociación Profesional de Fotógrafos de Mendoza, en ese lugar hice amigos y hermanos, muchos fueron  mis maestros y mentores. Mi curiosidad siempre fue la de observar y aprender de los mejores”, sintetiza ese momento inolvidable para “Rafita”.

Fran Lux Romero, La Familia Delía, Teo Burlot, fueron algunos de sus colegas. “Yo era feliz, haciendo lo que me gusta y más con amigos”, dice.

Mientras seguimos viajando con este artesano de la fotografía por esos años del siglo pasado, nos encontramos con su hobbies: el violín. Si la fotografía era su vocación, tocar el violín fue siempre su hobbie y uno de los motivos que nos lleva a otro momento artístico: el amor de una mujer.

Fue un encuentro musical pero también, como dice Rafael, “una instantánea entre su mirada y la mía”; una vez más la fotografía como marco de su historia de amor.

Es que el amor llegó como una casualidad inevitable del destino, al entrar a un almacén de barrio con su violín, ofreciendo melodías a la gente, se topó con ella, Bienvenida Catalina Gil.

 Ese amor dio sus frutos, tres hijos, Elsa Trinidad Vargas, Elida Elizabeth Vargas y Walter Rafael Vargas y de siete nietos, Emmanuel Romano Vargas, Marisa Romano Vargas, Cristian Bunader, Martín Bunader, Marcela Vargas, Fernando Vargas, Diego Vargas

Al comparar su época de laboratorio con la actualidad somos conscientes de que en esas primeras décadas del siglo 20, revelar una fotografía era el momento que definía al fotógrafo.

“Era un ritual artesanal, porque los fotógrafos de comienzo de siglo éramos emocionales para trabajar, la fotografía te llevaba a convivir con tu lado espiritual”, explica Vargas.

Para este fotógrafo lasherino, revelar una imagen era mucho más que un proceso químico.

“Es que la fotografía para mi es la vida misma. La vida pasa y nada queda solo las memorias en una fotografía y una buena sonrisa”, resume.

“Por eso el consejo que les diría a los jóvenes de hoy, es como se encuentran mentalmente y espiritualmente el hacer fotografía, como es su relación con el arte de capturar momentos. Debemos trascender a la máquina y transmitir las emociones”, contundente y con una claridad que sorprende.

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