Mujeres frente a los espejos de la maternidad: las que eligen no ser madres

Legislatura 14/10/2021 Por Redacción
Ser madre es una opción, no una obligación. Pese a los cambios culturales muchas mujeres siguen siendo presionadas y estigmatizadas por haber elegido voluntariamente no maternar.
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Lo diferente siempre inquieta y es ahí, donde se enfoca la crítica que impone un modelo y un mandato social frente a las mujeres que deciden no ser madres.

A lo largo de la historia se ha definido a la mujer como un  producto cultural, ya que sobre ellas no solo se han construido socialmente estereotipos de cuerpos, sino que además deben ser modelo de maternidad y crianza.

En la conquista por la propia identidad, las mujeres que deciden no maternar quedan expuestas a la opinión de todas y todos los que aún consideran que las diferencias biológicas juegan un papel importante, especialmente porque ellas pueden quedar  embarazadas y parir, algo que los hombres no pueden. Allí es donde recae el mandato social, la exposición y la crítica frente a aquellas que no desean gestar o criar niños.

Históricamente se ha definido a los hombres con una gran  trascendencia al mundo público y a las mujeres ancladas a la descendencia y al hogar: el mundo privado. Sin embargo no hace muchos años, que la maternidad dejó de ser un destino inexorable.

Pese a las libertades hoy adquiridas y al poder decidir sobre el rumbo de la vida que se desea vivir, todavía están expuestas a preguntas como: ¿Por qué todavía no tenés hijos?, ¿Para cuándo un bebé?, ¿Y si después te arrepentís?, “Mirá… que se te pasa el tren”, “Una mujer sin hijos no es mujer”, ¿Quién te va a cuidar cuando seas vieja?

Por otro lado, por lo común se dice que una mujer que no quiere tener hijos es incompleta, egoísta, inmadura, fría, que no le gustan los niños, que se está perdiendo del amor más grande de la vida, que se va a arrepentir, que se va a quedar sola, que sufre el típico síndrome de la mujer profesional moderna, o que es víctima de las propuestas del feminismo radical, en la medida en que quiere parecerse a los hombres, etcétera.

Lo que aún no se entiende socialmente es que por más que las  mujeres biológicamente sean aptas para gestar, también son seres que están formando el mundo donde quieren vivir, y es ahí, donde radican los derechos propios como persona y ser único.

Con la llegada del proyecto de Interrupción Voluntaria del  Embarazo a la Argentina, por primera vez tomó discusión un tema que no se había planteado antes, “la capacidad de la mujer a la reducción de ser madre”. Esto parecía estar poniendo todo el orden social en peligro, porque nuestra forma antropológica de vivir ordena que la reproducción es una forma más organizada de ser y también de cumplir.

Según la Dirección de Estadísticas e Información de la Salud, en el año 2019 y por primera vez en la historia, las mujeres argentinas tienen en promedio menos de 2 hijos cada una. Hoy la tasa de fecundidad en el país es de 1.8 hijos por mujer, mientras que en el año 1950 era 3 hijos por mujer.

En este contexto, ¿por qué cuesta tanto aceptar la existencia de mujeres que no quieren ser madres? para entenderlo hay que remontarnos al qué significa ser madre en una sociedad que ha reducido a la mujer a este aspecto como su rol principal.

Según expertos, hay una noción muy común de que toda la vida, la constitución de la familia, el orden social y los roles de sus integrantes han sido los del hombre como proveedor y la mujer como criadora, sin embargo, esto no es así.

El concepto clásico de familia que conocemos comenzó en la Revolución Industrial, en ese entonces el salario del hombre era el de la familia: estaba considerado que él tuviera la capacidad de sostener a la mujer y a los hijos para que éstos no trabajaran y eso reforzaba de nuevo su rol de proveedor patriarca.

Sin embargo, las crisis económicas, guerras y pandemias que asolaron al mundo tras el establecimiento de este sistema, abrieron paso a que la mujer fuera necesaria en las industrias para producir, y es que, tras la guerra, los hombres “fuertes y jóvenes” habían disminuido considerablemente.

En ese momento es que orden social imperante hasta la fecha entró en crisis y fue evolucionando hasta la actualidad, en donde el hecho de que las mujeres estudien y trabajen es algo normal.

Al momento que una sociedad toma una decisión, define una   norma o un orden, utiliza aparatos socioculturales para reproducirlos, enseñarlos, reforzarlos y así asegurarse de que todos sus integrantes actúen acorde a esas normas, en este caso, el principal rol de la mujer estaba reducido a la maternidad y crianza.

Por eso, la relación entre la mujer como madre y la mujer como trabajadora o independiente, ha sido históricamente polémica, porque socialmente es esperado que su rol principal sea reproductivo.

Entonces, finalmente llegamos a un punto en donde se discrimina a aquellas que no quieres ser madres, por el simple hecho de no cumplir con un mandato impuesto, sin tener en cuenta la capacidad de que cada ser puede elegir lo que le otorgue felicidad plena.

El rechazo que tiene la sociedad frente aquellas que no quieren reproducirse o cumplir una ley fundamental. No es más que un duelo para otros, los que no van a ser abuelas, abuelos, los que no van a ser tías, tíos, etc.

Elegir tiene un costo, implica clausurar opciones. Pero la mayor libertad de todo, tener la posibilidad de elegir.

Entonces, ¿Qué pasa con las mujeres que no quieren tener hijos? Nada, no pasa nada porque no quieran tener hijos. Aunque, lamentablemente, todavía hoy se sigue juzgando y criticando a quienes no desean ser madres, como si perpetuar la especie fuese señal de generosidad y buena persona.

Se impone un estereotipo de mujer cuya misión en la vida es ser madre. Se las piensa desde un lugar “triste” que no han podido formar una familia porque están solteras, no les dio el tiempo o quisieron pero no pudieron.

Lo que con frecuencia la sociedad no ve es que hay muchas que simplemente no desearon traer a una persona al mundo. La maternidad no es una obligación y no debería provocar ningún tipo de inquietud, extrañeza o descalificación.

Por eso es muy importante el Respeto. Lo distinto o poco común no tiene que generar incomodidad. Cada persona es libre de elegir cómo quiere vivir su vida y con quiénes alrededor. El amor es amor y tiene muchas formas distintas. Ningún tipo de amor es mejor que otro o más o menos completo. Una mujer que no quiere tener hijos no es un “bicho raro”, simplemente es una mujer que no quiere tener hijos.

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